1- ¡Avanzan los Maturrangos!José Fernando de Abascal, Marqués de la Concordia, y Virrey del Perú, a quién Dios guarde por muchos años, a mediados de junio de 1814, consideraba en extremo gravoso el pérfido Tratado de Lircay, firmado entre Gabino Gainza y los brigadieres Ohiggins y Mackenna. Puesto que “¿Cómo había el Virrey de cometer la bajeza y el escándalo de abatir su dignidad y la de la nación que representa, hasta tanto extremo de vergüenza y de degradación?
[1]” Abascal confía al coronel Mariano Osorio una expedición destinada al sometimiento del Reino de Chile.
Esta expedición contaría con los recién llegados refuerzos desde la península, consistentes en una compañía de artilleros y un regimiento de infantería llamado de los Talaveras de la Reina y con un contingente que los esperaría en Talcahuano, consistente en unos 2.462 infantes, la mayoría de ellos reclutas, huasos y milicianos, mal armados e indisciplinados, pero que adherían a la causa del Rey y algunos contingentes de caballería. Sin embargo, Mariano Osorio, aunque militar de carrera y de una férrea disciplina, lisonjeado por las noticias recibidas desde Chile, de que las milicias de los llamados “patriotas” estaban dispersas, se dedicaban sólo al pillaje, y al vicio, y que sus jefes, carentes de toda virtud, se encontraban confrontados en una guerra civil, creyó que la expedición no necesitaba de aprestos tan en extremo rigurosos, puesto que la empresa era sencilla en su ejecución. Además, los habitantes del Reino de Chile, tenían fama de ser adherentes fanáticos a la causa de Su Majestad, por lo que dejarían gustosos las armas, cuando recibieran el ofrecimiento de “echar en olvido su desvarío y su loca pretensión de independencia, concediéndoles un perdón general y olvido eterno de todo lo sucedido, por mas o menos parte que cada uno de los que han estado mandando, hayan tenido en la revolución, siempre que dejando las armas de las manos, renueven el juramento hecho a nuestro soberano, que juren obedecer la constitución española, el gobierno de las cortes nacionales y que admitan el que legítimamente se instale para la provincia.
[2]”
El trece de agosto de 1814, Mariano Osorio desembarca en Talcahuano y es recibido por el intendente de Concepción, quién, luego de ofrecerle un Te Deum, lo pone al corriente de la situación política del reino, y de las líneas insurgentes, apostadas al otro lado de la línea del Maule. Osorio comienza su avance hacia Santiago, y en Chillán se le reúnen las tropas del destituido Gainza, llegando a poseer el ejército de Osorio un contingente de 4.972 hombres, agrupados en tres divisiones, mas una división de vanguardia. El ejército de Osorio marchaba rápidamente, en “marcha forzada” con las fuerzas siguientes: Una División de Vanguardia: Comandada por el Coronel Idelfonso Eleorraga, con 1.452 hombres y cuatro cañones de campaña., la Primera División, comandada por el Coronel José Rodríguez Ballesteros, con 1.400 hombres y cuatro cañones de campaña., la Segunda División, mandada por el Coronel Manuel Montoya, con 1.050 hombres y cuatro cañones de campaña. Y la Tercera División, al mando del Coronel de Talaveras, Rafael Maroto, con seis cañones de campaña y 900 hombres. Luego de descansar en Chillán, la expedición de Osorio avanza hasta Linares, y luego de atravesar el Maule, ocupa Talca. Las tropas a cargo de la defensa de Talca, conscientes de su inferioridad numérica, se replegaron hacia la línea del Cachapoal, llevando con ellos, las funestas noticias del avance de los godos hacia Santiago, causando pánico y alarma en algunos, y regocijo y esperanza en otros.
Osorio envía sin prisa, conociendo la desunión de los jefes de las milicias insurgentes, una intimación “a los que mandan en Chile” oficio que fue hecho llegar a Carrera y Ohiggins, quiénes se encontraban ya en franca guerra civil, dicho oficio, les hizo tomar conciencia de la gravedad de la situación: “venían con la espada y el fuego, a no dejar piedra sobre piedra en los pueblos que, sordos a su voz, rehusasen someterse
[3]”
Frente a tal exposición de fuerza y poderío, Carrera y Ohiggins, hubieron de vencer sus diferencias y trabajar conjuntamente para la defensa del reino. Ohiggins reconoce a la Junta de Gobierno y a Carrera como General en Jefe del Ejército, el brigadier Ohiggins, queda a cargo de su propia división, y se apresta a defender la línea del Cachapoal, mientras que Carrera comienza a organizar los aprestos para la defensa.
2- En Pie de GuerraJosé Miguel Carrera, si bien era militar de formación, y había servido en el Real Ejército, contra las tropas de Napoleón, no tuvo nunca el mando de ningún cuerpo, siempre actuó como subalterno. Poseía la formación militar de la artillería e infantería española, y habiendo sido la guerra contra Napoleón, una guerra de milicianos, no adquirió la experiencia de combatir en campo abierto, con formaciones cerradas y combates organizados.
Bernardo Ohiggins, fue instruido en asuntos militares, por el Coronel Juan Mackenna, quién a pedido del mismo Ohiggins comenzó a darle lecciones de “como ejercitarse en la táctica, siendo en su concepto el mejor medio el de comenzar por el manejo manual de las armas, ejercitándose diariamente con un sargento instructor hasta ser capáz de mandar una mitad, y luego una compañía, un escuadrón, un regimiento, y por fin, divisiones y cuerpos de ejército, según las diferentes escalas de la estrategia moderna, completamente variada en su concepto por Pichegru y Bonaparte.”
[4]Por lo visto, ambos jefes militares, poseían formaciones distintas; una, española, miliciana y desordenada, la otra, de tradición británica, rígida y de acuerdo a los sistemas modernos de la guerra. Sin duda, ambos tendrían la razón.
El plan de Carrera era sencillo y fácil de llevarlo a la práctica: “Disputarían a los realistas el paso del Cachapoal, y en caso de ser rechazados, se replegarían hasta la angostura de Paine, que a causa de la naturaleza del terreno, si Osorio cometía la imprudencia de atacarla, sería las Termópilas de Chile. Si eran obligados a abandonar estas posiciones, podían aun hacerse en el río Maipo un último esfuerzo para contenerlo y dar la batalla en el llano del mismo nombre, que presenta campo y anchura para maniobras de la caballería, en que abundaba el ejército.
[5]”
Ohiggins, por su parte, no concordó con Carrera en la planificación de las defensas. El Coronel Mackenna, había trazado un plan, sobre la Defensa del Reino de Chile, en 1811, y en el cual, la línea del Cachapoal era el punto más importante de la defensa, en caso de un ataque desde el sur. Por lo que Ohiggins consideró Rancagua como inexpugnable, que podía defenderse contra cualquier enemigo, por lo que decide refugiarse en la plaza el día 9 de septiembre, donde se encuentra con el Coronel Cuevas y el Capitán Ramón Freire, quienes, con algunas milicias habían llegado también a la plaza. “7 de Septiembre de 1814. Freire, con 50 dragones salió de Maipú a tomar posesión de Rancagua; con el mismo destino, salió de Santiago don Bernardo Cuevas, con 150 milicianos, de los cuales 60 llevaban fusil.”
[6]Ohiggins remitió a Carrera una cierta cantidad de cañones, dejando seis para si. El 8 de septiembre, el General Carrera da la orden que se retiren todos los ganados hacia el norte de Rancagua, y de ser posible, despoblar todas las villas desde Curicó al norte.
Se decretó también la prisión de todos los godos, para evitar traiciones. Mientras, se encomendó al presbítero Isidro Pineda, fortificar los despeñaderos de la angostura de Paine. “Se envió al Capitán Joaquín Prieto a reclutar milicianos y reunir a desertores dispersos, amenazando con pena de muerte al que no se presentase y prometiendo una recompensa de veinte y cinco pesos al denunciador, se decretó el alistamiento en masa de todos los esclavos del país, desde la edad de trece años, prometiéndoles la libertad tan pronto como estuviesen filiados y ofreciendo al propietario una indemnización. Algunos ciudadanos generosos ofrecieron gratuitamente al país, los pocos esclavos que poseían y muy pronto pudo formarse un nuevo regimiento, al que se le dio el nombre de Regimiento de Ingenuos de la Patria
[7].”
Ohiggins con sus tropas se dedican a reunir pertrechos, como lo constan los múltiples oficios intercambiados con Carrera, anotados por el prócer en su diario militar, “Septiembre 8 de 1814: Ohiggins pide maderas, fierros, alquitrán, maestros de montajes, herreros, fraguas, carretas, carreteros, caballos, mulas, etc, no se que haría este hombre con los muchos auxilios de esta clase que tenía el ejército. No puede explicarse la desorganización en que se hallaban todos los ramos de él. Un cabo de escuadra habría tenido mejor administración. Todo se le mandó prontamente.
[8]”
“Septiembre 16 de 1814: Ohiggins pide para su división, vestuarios completos, víveres, bajages, útiles para el rancho de tropa, herramientas, etc, todo lo faltaba; su división era un esqueleto.
[9]”
Desde los días 20 al 24 de Septiembre, Ohiggins se dedica a reconocer los terrenos y construir fortificaciones en los vados del Cachapoal, que en Septiembre, poseía tres, no muy caudalosos, por lo que podían ser atravesados, en marcha forzada, en un día, por una división completa.
El día 25 Ohiggins ordena construir trincheras en las cuatro calles que dan acceso a la plaza de Rancagua. El día 27, se le reúnen en la plaza de Rancagua, las milicias del Coronel José María Portus y la Segunda División de Juan José Carrera.
Inmediatamente Ohiggins y Juan José Carrera comienzan a preparar las defensas patriotas, acordando Ohiggins defender la ciudad y Juan José Carrera el vado de Los Robles. Luis Carrera esperaría en la retaguardia, con su división, prestos a socorrer a los replegantes, en Las Bodegas del Conde, actual pueblito de La Compañía, a un costado de Graneros.
Así, las fuerzas que enfrentarían a las tropas de Osorio serían:
- La Primera División: Mandada por el Brigadier Bernardo Ohiggins, con 1.155 hombres con 30.000 cartuchos de fusil y 4.000 piedras de chispa.
- Segunda División: Al mando de Juan José Carrera, con 1.861 hombres, con 30.000 cartuchos de fusil y 6.000 piedras de chispa.
- Tercera División: Al mando de Luis Carrera, con un total de 915 hombres, con 60.000 cartuchos de fusil y 9.000 piedras de chispa.
El Estado Mayor del Ejército, al mando de José Miguel Carrera, permanecería replegado en Angostura de Paine.
De doce cañones que posee Ohiggins, deja dos en cada trinchera, los cuatro restantes, los aposta en el centro de la plaza. Coloca sobre los tejados de las casas, sobre los puntos altos de la iglesia y parapetados en algunos árboles, pelotones de infantería, con mayor reserva de tiros y pólvora. Por último, encomienda a cada trinchera un jefe para su defensa: la calle del sur, actual calle Estado al mando del capitan Manuel Astorga y tres cañones a cargo del capitán Antonio Millán. La calle de la Merced, en dirección al norte, actualmente, también calle Estado, al mando del capitán Antonio Sánchez. La calle del oriente, actual Riesco, al mando del capitán Francisco Javier Molina y la calle del poniente, actual paseo Independencia, al mando del capitán Hilario Vial. La bandera negra, indicando que no habría rendición, fue puesta en todos los puntos altos de la plaza. Solo restaba esperar. Era el amanecer del 1º de Octubre de 1814…
[1] Barros Arana, Diego. Historia General de Chile, Tomo IX. (2002) Editorial Universitaria. Santiago de Chile. A su vez, el clásico historiador, toma estas palabras de un opúsculo titulado El Pensador de Perú, y que figura en una colección de documentos históricos de Manuel Odriozola. Pág. 382
[2] Instrucciones dadas por el Virrey Abascal a Mariano Osorio. Tomadas por Barros Arana: Op.Cit. Pág.385
[3] Campos Harriet, Fernando. José Miguel Carrera. (1974) Editorial Orbe. Santiago de Chile. Pág. 64.
[4] Vicuña Mackenna, Benjamín. El Ostracismo de Ohiggins. (1860) Imprenta y Librería del Mercurio de Santos Tornero. Santiago de Chile. Pág. 113.
[5] Amunátegui, Miguel Luis y Gregorio. (1912) Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona. Santiago de Chile. Pág. 158.
[6] Carrera, José Miguel. Diario Militar. (1900) Colección de Historiadores y de Documentos relativos a la Independencia de Chile. Tomo I, Imprenta Cervantes. Santiago de Chile. Pág. 366.
[7] Gay, Claudio. Historia de la Independencia Chilena. Tomo 2 (1836) Imprenta París. Santiago de Chile. Pág. 122.
[8] Carrera, José Miguel. Diario Militar. Op.Cit. Pág. 367.
[9] Carrera, José Miguel. Diario Militar. Op.Cit. Pág. 368.